Hace unos meses dejé mi trabajo como funcionario público en la Superintendencia de Industria y Comercio para unirme a Enseña por Colombia, un programa de la ONG Teach For All. Soy abogado y especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Javeriana –si es que eso dice algo de mí– y actualmente trabajo en un colegio público, en el kilómetro dos vía Minca, en la periferia de la tierra del olvido; Santa Marta.
Llevaba tres meses en mi experiencia como profesor, cuando ocurrió lo inesperado: una pandemia. El Presidente decidió suspender las clases presenciales, ordenó a los maestros prepararse para dictar de manera virtual y adelantó el periodo de vacaciones de los estudiantes.
Ante la situación, en vez de tomar un respiro para re-pensar –si es que en Colombia se ha pensado alguna vez– nuestro modelo educativo, los profesores nos apuramos a realizar talleres de Matemáticas, Sociales, Filosofía, Inglés: enviarlos, recibirlos, calificarlos y más de lo mismo de siempre.
Nuestro genuino amor por los estudiantes nos condujo a mitigar la pérdida de “clase” y, por tanto, de temas propuestos para el año escolar por el Ministerio de Educación, en un afán innecesario de seguir preparando las pruebas saber (icfes), cuando la realidad nos ha mostrado que nunca hemos sido exitosos, como colegios públicos, en ellas.
No creo, tampoco, que la forma de dar clases virtuales sea la propuesta por universidades y colegios privados: aquella basada en conferencias por zoom, pues aquella mantiene la estructura rígida y monótona de una cátedra.
El gobierno, o mejor, los gobiernos, han demostrado que para ellos los ciudadanos no son más que la economía. En la educación no se ha pensado distinto: necesitamos cifras que justifiquen todo el dinero invertido en las Instituciones Educativas, los estudiantes, maestros y demás.
Los maestros debemos mostrar algo de rebeldía para re-pensar nuestra educaciónen esta coyuntura. Cuando volvamos al aula –siquiera a la virtual– debemos reducir el afán por las notas, los talleres y las clases virtuales; qué bello momento para indagar por las libertades, los modelos de gobiernos, las pandemias, los seres humanos, las frustraciones, las emociones
y demás cosas que se piensan, como las de este artículo, en el encierro.
* Las opiniones consignadas en este artículo no comprometen a las instituciones donde trabaja el autor.
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