Si bien es cierto Colombia ha dado grandes pasos en el desarrollo de la infraestructura del país, también lo es, que los resultados esperados en competitividad no resultan los más alentadores. Tal como lo indica la última medición del Índice de Competitividad Global 2016-2017 presentado en el Foro Económico Mundial, Colombia descendió 5 puestos respecto del año anterior, quedando en el lugar 61 entre 138 países. A su vez, el informe Doing Business de Comercio Transfronterizo 2016 del Banco Mundial nos ubica en la posición 121 de 189 en total.
Conforme a lo expuesto, son varios los retos por cumplir en materia de infraestructura si se tiene la clara intención de apostarle al comercio exterior como principal impulsor de la economía nacional. En primer lugar, resulta preciso reconocer las falencias actuales en materia de infraestructura vial, portuaria, fluvial, aérea y férrea, así como la necesidad de integrar los diferentes modos de transporte. Esto último, con el fin de optimizar la cadena logística, y aumentar la competitividad de los productos en el exterior, apostándole así al reto de globalización.
En efecto, las restricciones en el acceso por carretera dada su precaria infraestructura, la falta de articulación vial urbana, la fracasada concesión del Rio Magdalena, y la abandonada vía férrea del Pacifico son alguna de las principales causales que limitan el desarrollo de un Sistema de Transporte Multimodal; perjudicando así la competitividad por el aumento de costos logísticos y de transporte, los cuales se incrementan hasta en un 30% aproximadamente.
Actualmente, más del 80% del presupuesto nacional del sector transporte se encuentra destinado al desarrollo de las vías. Es así como se ha visto rezagada la inversión en materia ferrovial en el pacifico, la cual por más de 25 años ha estado invadida por canceres de la ilegalidad tales como lo son los socavones de la minería, las famosas “brujitas” - planchones empujados por motos que circulan por la vía-, y el mayor de ellos, la Corrupción. El tren entregado en concesión tenía por objeto proporcionar herramientas con el fin de reducir los tiempos/costos desde Buenaventura hasta La Tebaida. Desafortunadamente, luego de que 5 concesionarios fracasaran en el intento, se ha visto truncado su desarrollo por problemas financieros que imposibilitan su progreso, así como por el incumplimiento constante del contrato por parte de Gobierno, su falta de interés, y el absoluto desamparo a aquellos que creen en el proyecto. Hoy en día, todo está dado para acabar la red ferroviaria.
Por su parte, en el 2014, en aras de descongestionar el transporte terrestre, se impulsó la iniciativa del Rio Magdalena, con el objeto de convertirlo en un importante corredor de entrada y salida de mercancías. Para lastima nuestra, el caso de corrupción de la firma Odebretch, socio mayoritario en Navelena - Consorcio al cual se le adjudicó el contrato de navegabilidad del rio - les fue imposible acreditar el cierre financiero del mismo. Sumado a lo anterior, por desconocimiento se han perdido altas sumas de dinero en dragados que únicamente han propiciado una inestabilidad en el rio, y con ello ha aumentado el porcentaje de sedimentación en el mismo. De igual manera, han dejado de lado las oportunidades a desarrollar en el Rio Orinoco y Amazonas.
Frente al transporte de carga por vía aérea, los costos y la prestación de servicios logísticos deber optimizarse, a fin de viabilizar aún más su uso frente aquellas cargas que no tienen el deber de transportar por este medio.
Es evidente que el transporte multimodal aun no es un objetivo de corto plazo para el Gobierno. Son ellos quienes deben priorizar las inversiones en los diferentes nodos logísticos incluyéndolos en sus planes de infraestructura, y no solo enfocar el desarrollo del país en el modo carretero. Para ello, es necesario apartar todo interés político, así como toda actividad corrupta que nos mantienen en el puesto 90 de 177 países en el ranking de Transparencia Internacional.
Conforme a lo expuesto, pese a que han existido intenciones palpables por parte del Gobierno en aras de lograr el desarrollo de corredores logísticos multimodales, lo cierto es que la cultura de la corrupción es el principal obstáculo para el desarrollo de Colombia, la cual se ha convertido en el patrón común dentro de los proyectos de política pública.
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