24 de Diciembre de 2016

¿Escribir?

El 2 de septiembre de 2009 no dice nada para la historia. Ese día no recuerdo qué hacía ni en qué pensaba. Lo único, quizás, que tengo presente de aquel día es una nota que publiqué en mi perfil de Facebook como una especie de ensayo (más o menos estructurado) antes de ingresar a la Universidad. 

Tenía la obsesión de escribir sobre lo primero que se me pasaba por la cabeza sin medir las palabras que utilizaría o si estaban bien usadas. No sabía nada; solo que deseaba escribir. Y terminé pensando por qué era importante escribir para mi.  

Reeditado tras pasar 7 años, esto es lo que probablemente quise decir (aunque no supiera cómo escribirlo): 

"Lo único que me queda es escribir. ¿A qué? ni yo mismo lo sé... Tengo claro que escribo para no morir, para sentirme feliz (pues una vida sin que pueda expresar mis sentimientos en un papel es difícil). Si no escribo, podré sobrevivir -claro está- pero será un cargo de conciencia ineludible. 

Debo reconocerlo: cuando escribo, la imaginación me eclipsa. Empieza a brotar un torrencial de ideas que jamás -por más que quiera- dejan de caer hasta inundarme. Cuando escribo, la realidad toma otro tinte, otra dimensión; el escribir hace que los más increibles sueños queden por siempre". 

Sigue siendo cursi y bastante pretencioso de mi parte, a pesar de algunos cambios. Pero por ser cursi (y un tres cuartos de pretencioso) no pierde vigencia: escribir es un objeto de orfebrería que, tras cada golpe, se va forjando hasta convertirse en una joya. Todavía, es claro, faltan muchos golpes. Serán bien recibidos, también.

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